Clara me enseña el resultado de su odisea compartida con Juan: una casita pequeña y resultona, con jardín de cocoteros, algo apartada del bullicio del centro y del mercado. Cerquita tenemos dos playas: playa Bacocho (mi favorita por ser la más salvaje) y Carrizalillo, que es una cala con muchas escaleras, llena de vegetación exuberante. El pueblo queda a unos 15 minutos caminando.
El centro no es tan bonito como en otras ciudades –casas y comercios bajos con techo plano, coloridos y cruzados por cientos de cables, el zócalo es muy pequeño y apenas ha
Son días de hacerme a mi nueva ciudad, encuentro el lugar para comprar la prensa nacional (¡sólo un lugar en el pueblo!), me familiarizo con los bares y cantinas cercanos. Seguimos llenando villa Julura, nos hacemos con una mesa. Aquí no se practica el concepto de segunda mano. Hay un problema con el gas, o con la falta de él. La flexibilidad del término ahorita nos niega la posibilida
-Esto, eh –habla mientras continúa saliendo el gas ruidosamente-. Hay un escape. Ahorita venimos.
Clara se queda algo intranquila pensando hacia qué lado se estirará esta vez la palabra “ahorita”.
Pronto, con modos de superhéroe, arregla el problema. Por la tarde llaman para avisar que vendrán a revisar el gas. Más o menos la conversación fue así:
-Señor Juan, mañana iremos a revisar el gas.
-Pero si han estado hoy.
-Señor Juan, mañana iremos a revisar el gas.
-No lo entiendo, esta tarde…
-Eh…Señor Juan, mañana iremos a revisar el gas.
-Está bien.
Pero no vienen ni avisan. Clara intenta, mientras, celebrarlo cocinando el huevo prometido. La parrilla se prende y se apaga, en una anarquía gaseosa. Nos resignamos a no cocinar por el momento, nos costará bastantes llamadas y bastantes ahoritas lograrlo. En la noche, nos llega un denso olor a gas que nos alarma un poco.
Aún así, la balanza pesa abrumadoramente en el lado del sí en casi
todas las preguntas. Nos vamos a dormir felices, con el rumor del mar a lo lejos. El mar, tranquilo entonces, estaba empezando a rugir al otro lado del Pacífico e iba a asustar con intensidad a este lado amplio del mapa en unas pocas horas.
Luqui, como siempre, un placer leerte.
ResponderEliminarMuchos besos a la familia!
Pero qué gustirrinín da escuchar todo esto! Ya estoy enganchada un poco más a México.
ResponderEliminarBesos!!!